
El último trabajo
del reconocido ilustrador Miguel Anxo Prado (A Coruña, 1958) habla
sobre la memoria como esencia de la existencia humana. En su historia, Sabela,
una mujer en crisis, llega a una aldea perdida entre montes buscando datos
sobre su abuelo, un emigrado a Cuba y del que su familia no volvió a saber. En
torno a ella, diferentes personajes desarrollarán un argumento en el que se
entrecruzarán, partiendo, todos ellos, de recuerdo.
«Los recuerdos, que
son muchos, van y vienen, sin que yo consiga colocarlos. Nunca estoy seguro de
qué sucedió antes o después, me bailan los nombres, las caras... Es como si el
libro de mi vida allá se hubiese deshecho y me quedara en las manos un puñado
de hojas que no consigo ordenar de nuevo. A veces, incluso, es como si esos
recuerdos no fuesen míos... Ni siquiera estoy seguro de diferenciar lo que he
vivido y lo que he imaginado”.
“Somos lo que
recordamos”. Pero la memoria no es un registro objetivo e inalterable. Sabela intenta
reconstruir una historia, una parte de su historia, a través de los recuerdos
de Fidel . Pero hay más hilos que se van entretejiendo en ese proceso
de recuperación, otras personas, otras memorias. Porque también somos lo que
los demás recuerdan.
Y en esas memorias, propias y ajenas, hay amor y cariño, y hay rencores y odios. Por eso recordar no es inocuo. Pero quien no recuerda, no vive.
Y en esas memorias, propias y ajenas, hay amor y cariño, y hay rencores y odios. Por eso recordar no es inocuo. Pero quien no recuerda, no vive.
Después de tres
años dedicado a Ardalén , Miguelanxo Prado nos ofrece su
obra más extensa y ambiciosa hasta la fecha. Un relato fascinante sobre los
recuerdos y la memoria, con personajes inolvidables y la maestría de uno de los
mejores autores de cómic de nuestro país.
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